8 agosto, 2022

¿Ha ido demasiado lejos el Embajador de EU en México?

Ken Salazar, Embajador de Estados Unidos en México, en su residencia oficial en la Ciudad de México. Foto: Alejandro Cegarra/The New York Times

Natalie Kitroeff and Maria Abi-Jabib / The New York Times

El zar electoral de México le envió un mensaje al Embajador de Estados Unidos: el Presidente mexicano organizaba una guerra sin cuartel contra la autoridad electoral nacional, al sembrar duda sobre un pilar de la democracia del país.

Pero en lugar de expresar alarma, el diplomático estadounidense de más alto nivel en México adoptó una de las líneas de ataque del Presidente, al sopesar afirmaciones de que unos comicios que ya eran cosa del pasado, realizados en el 2006, le habían sido robados al líder mexicano.

El Embajador Ken Salazar dijo no estar convencido de que dicha elección fuera limpia, desafiando la postura de Estados Unidos en un momento en que la democracia está bajo amenaza en su país y en todo el hemisferio.

Salazar, quien invitó al supervisor electoral de México a su residencia, le dijo a The New York Times que quería saber: “¿Hubo fraude?”.

El asunto había quedado zanjado hace mucho tiempo -para el sistema judicial de México, la Unión Europea y el Gobierno estadounidense- hasta ahora.

La disposición el Embajador para cuestionar la legitimidad de las elecciones es el ejemplo más reciente de lo que varios funcionarios estadounidenses dicen que es un patrón preocupante, en el que el principal diplomático de Estados Unidos en México ha parecido contradecir las políticas de su propio Gobierno con el fin de alinearse con el Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Cuando Salazar asumió el cargo en septiembre del 2021 se le indicó que diera prioridad a construir una relación fuerte con López Obrador con la esperanza de que eso fomentaría la agenda de la Casa Blanca.

Como el amortiguador principal entre Estados Unidos y un flujo de migrantes sin precedentes, López Obrador tiene un apalancamiento enorme sobre Joe Biden y su presidencia.

Preservar la cooperación de México, dijeron funcionarios de la Administración Biden, significaba evitar conflictos con un líder mexicano voluble que tenía el poder de dañar el futuro político de Biden al negarse a mantener firmeza sobre la migración.

Salazar de hecho ha tenido éxito en acercarse al Presidente mexicano.

Pero hay creciente preocupación dentro de la Administración Biden de que, en el proceso, el Embajador de hecho podría haber puesto en peligro intereses estadounidenses -y de que no ha apalancado la relación para lograr triunfos de política cuando Biden más los necesita-, de acuerdo con entrevistas con más de una docena de funcionarios actuales y pasados y analistas.

El Embajador ha repetido afirmaciones desacreditadas de una elección robada, usadas por el Presidente mexicano para avivar la desconfianza en la democracia del país; cuestionado la integridad de un grupo anticorrupción sin fines de lucro financiado por Estados Unidos que se había enfrentado al Presidente; causado una tormenta política al parecer indicar apoyo para una reforma energética a la que se oponía el Gobierno de Estados Unidos; y guardado silencio al tiempo que López Obrador ataca incesantemente a periodistas.

En países estratégicamente importantes gobernados por líderes volátiles, los embajadores de Estados Unidos a menudo tienen que navegar una delgada línea entre cultivar un lazo con el Presidente y presionar a favor de las prioridades de su propio Gobierno.

Salazar insiste en que su “relación directa” con López Obrador beneficia a Estados Unidos.

No obstante, dentro del Gobierno de EU, algunos cuestionan si el enfoque blando de la Administración de hecho funciona -o si simplemente envalentona a López Obrador al tiempo que desafía la influencia estadounidense y socava salvaguardias democráticas-, de acuerdo con funcionarios estadounidenses de alto nivel que no tenían autorizado hablar públicamente del tema.

El líder mexicano ha buscado una agenda energética que amenaza a compañías estadounidense y utiliza con regularidad su púlpito para desacreditar e insultar personalmente a aquellos que cuestionan a su Gobierno.

La economía se está desplomando, la violencia sigue arrasando y ahora México -no Centroamérica- se ha convertido en la fuente más grande de migrantes que llegan a la frontera con Estados Unidos.

Incluso después de la ofensiva de encanto del Embajador, el Presidente mexicano encabezó a varios líderes para boicotear una cumbre importante organizada por la Administración en junio, avergonzando a Biden a escala global.

“El Embajador cree que es cercano a AMLO”, dijo Duncan Wood, el vicepresidente de estrategia en el Centro Wilson. “¿Ha dado algún resultado? Yo no puedo encontrar nada”. “AMLO le está viendo la cara” a la Administración Biden, dijo Wood.

Desde el inicio de su mandato, Biden ha tenido una relación tensa con el Presidente mexicano, quien al principio se negó a reconocer su victoria electoral.

El Presidente Donald Trump, cuando estaba en el poder, coaccionó a López Obrador para que ejecutara su política de inmigración de línea dura bajo la amenaza de aranceles, y a cambio dejó al líder mexicano a solar para que fuera en pos de su agenda nacional.

La Administración Biden depende en la misma medida de México para el cumplimiento de leyes migratorias, y el Gobierno de López Obrador ha dedicado recursos significativos a ese esfuerzo, al arrestar a un número sin precedentes de migrantes el año pasado.

Al mismo tiempo, sin embargo, Biden ha prometido buscar una agenda más amplia en la región, que incluye defender los derechos humanos y la democracia -sin las tácticas excesivas de su predecesor.

Salazar fue considerado el hombre perfecto para ablandar al Presidente mexicano. Funcionarios supusieron que los modales campechanos del ex Senador demócrata funcionarían bien con la imagen de “hombre del pueblo” de López Obrador.

“Lo que necesitamos hacer es abordar juntos estos problemas enormes y sin precedentes”, dijo Salazar. “Y no puedes hacerlo si tienes un enemigo”.

Salazar se reúne con el mandatario mexicano con regularidad, al asegurar acceso significativo a la persona más poderosa del país.

Al tiempo que López Obrador busca reformas energéticas, el Embajador organiza reuniones entre el líder mexicano y compañías estadounidenses afectadas. Salazar le dijo a Reuters que el Gobierno de EU ha avanzado en solucionar disputas que afectan a más de 30 mil millones de dólares de inversiones estadounidenses en el sector de la energía de México.

Públicamente, la Administración Biden apoya a Salazar.

“Algunas de las críticas que se le imputan se deben a que interactúa tan activamente con este Gobierno, pero para ser sinceros, lo hace para intentar promover los intereses de Estados Unidos”, dijo Juan González, el asesor principal de Biden para Latinoamérica.

En cuanto a la afirmación de López Obrador de que le robaron la elección del 2006, González confirmó en una entrevista que la posición de Estados Unidos sobre el asunto “no ha cambiado”, pese al escepticismo del Embajador.

“Reconocemos el desenlace de los resultados electorales”, apuntó González. “Estados Unidos lo ha dicho oficialmente”.

Salazar, sin embargo, le dijo a The New York Times que estaba “al tanto de la línea del Gobierno de Estados Unidos” y que él todavía tenía dudas: “Mucha gente que vio la votación esa noche, lo que incluye gente que no tiene un interés personal en ello, que es gente muy creíble, me ha dicho que hubo fraude”.

Son episodios como éste los que han avivado preocupaciones entre funcionarios estadounidenses que dicen que el Embajador podría haber ido demasiado lejos. En ocasiones, ha causado confusión sobre la posición de Estados Unidos en algunos de los temas más sensibles.

Semanas después de que Jennifer Granholm, la Secretaria de Energía de Estados Unidos, voló a México para expresar preocupación sobre los cambios a la energía, Salazar pareció contradecir su mensaje, al decirles a periodistas mexicanos que “el Presidente tiene razón” en buscar cambios en la ley.

El comentario, que Salazar dijo que se sacó de contexto, fue empleado por López Obrador para indicar el apoyo del Embajador para legislación que estimularía a la Comisión Federal de Electricidad y pondría en peligro miles de millones de dólares en inversiones estadounidenses.

En marzo, el Presidente mexicano invitó al Embajador para que se le uniera en su rueda de prensa diaria, donde sube al escenario para promover temas de discusión del Gobierno y atacar a cualquier persona que considere como un adversario -lo que incluye al Gobierno de Estados Unidos.

Salazar quería asistir, le dijo a The Times, pero su personal lo exhortó a reconsiderar, al argumentar que estar al lado de López Obrador durante una de sus diatribas sería arriesgado para la Administración Biden.

A la larga, se evitó una incomodidad potencial gracias a lo que el Embajador dijo que fue un “conflicto en el calendario”.

A principios de este año, una prominente líder civil le escribió a Salazar en busca de apoyo contra los ataques de López Obrador hacia grupos de defensa. La líder, María Amparo Casar, fue convocada entonces a la residencia de Salazar.

Su organismo sin fines de lucro, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, investiga los sobornos y es blanco habitual del desdén de López Obrador.

El Presidente también había atacado al Gobierno de Estados Unidos por darle fondos al grupo, el cual era cofinanciado por un empresario que dejó la organización para formar un movimiento de oposición.

Un funcionario de alto nivel de la Administración Biden ya le había dicho a Salazar que la Administración no retiraría el financiamiento para la organización, señalaron dos funcionarios estadounidenses que no estaban autorizados para hablar públicamente al respecto.

Pero en antelación a la reunión, le dijo a su personal que había empezado a ver con sospecha al grupo y que quería investigarlo.

El Embajador le dijo a The Times que creía que el activismo de oposición del fundador del grupo “creaba la apariencia de irregularidad” y dijo que “abogaría para que se elimine el financiamiento” si descubría que las acusaciones de actividad política eran creíbles.

En la reunión, Salazar interrogó a Casar, al cuestionar si su grupo estaba involucrado de forma secreta en política. Casar, impactada, dijo que no, al explicar que auditores del Gobierno de Estados Unidos había determinado una y otra vez que el grupo no estaba involucrado en política.

“¿Por qué debería creerle?”, preguntó entonces el Embajador, de acuerdo con dos personas familiarizadas con la reunió que pidieron no ser nombradas por temor a represalias.

“La única prueba que tengo es mi palabra”, respondió Casar. El Embajador le dijo que “esto no huele bien” antes de levantarse abruptamente e interrumpir la reunión.

Salazar le dijo a The Times que estaba en su derecho de plantear temas “legales y éticos” con un receptor de fondos estadounidenses, al añadir, “Alguien puede decirte muchas cosas que sencillamente no son ciertas”.

González le dijo a The Times que el Gobierno estadounidenses seguiría financiando al grupo de Casar. “La política de Estados Unidos es clara en esto”, indicó.

Todo el capital político que el Embajador ha intentado desarrollar con el Presidente de México no fue suficiente para evitar que propinara una amonestación humillante a Biden el mes pasado.

En antelación a una cumbre regional clave organizada por la Administración Biden en junio, el Presidente mexicano criticó en repetidas ocasiones a Estados Unidos por no invitar a Cuba, Nicaragua o Venezuela.

Salazar le suplicó que asistiera, contó un funcionario de la Embajada de Estados Unidos que solicitó anonimato para evitar represalias, pero López Obrador siguió amenazando con boicotear el evento, y una oleada de países siguió su ejemplo.

En un esfuerzo diplomático de último recurso, el Embajador visitó el sitio religioso más importante de México, la Basílica de Guadalupe, un día antes del inicio previsto de la cumbre.

“En la Basílica de Guadalupe le ruego a la Patrona de las Américas para que ayude a nuestros líderes a establecer una nueva era transformadora para las Américas y la relación Estados Unidos-México”, publicó Salazar en Twitter.

López Obrador se retiró oficialmente del evento el día siguiente.

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