23 octubre, 2021

Científicos, niños e investigadores son más de 31

Escribe: Ricardo Quit //@cienciacc

Seguro has escuchado la frase “Los niños son como científicos, por su curiosidad, por su forma de entender el mundo, por su forma de buscar las respuestas a sus dudas”, pero no nos dejemos engañar, en realidad los científicos son como niños, y no es un juego como el del huevo o la gallina, pues definitivamente todos primero fuimos niños antes de declararnos científicos.

A principio de este siglo tuve una revelación: el automóvil estaba haciendo ruidos extraños y de vez en cuando no entraba la velocidad; decidí llevarlo con un mecánico especializado, uno conocido y de confianza, le expliqué los síntomas, me hizo algunas preguntas, se le iluminaron los ojos y en el instante me dijo que abriera el cofre y lo pusiera en marcha, así lo hice, lo escuchó, lo revisó, me pidió que lo apagara y volvió a revisar, me pidió una vez mas que lo encendiera, luego que lo apagara y concluyó que era la banda, me dijo el precio y que tardaría unos minutos en cambiarla, creo que tardé mas en pagarle que él en hacer el cambio, pero valió cada peso por la experiencia que separo en 2 puntos: primero, el señor es todo un científico en acción, no solo su preparación y experiencia lo llevaron a conocer de memoria cada componente del automóvil, además conoce su sonido en distintos estados de rendimiento, el señor al observar un fenómeno pudo analizar los datos, compararlos con la literatura y experiencia y formular hipótesis, además diseñó un par de experimentos y determinó, comparando los datos obtenidos, una explicación al fenómeno observado, concluyo con lo que podría ser una teoría, nueva, clásica o mejorada; y segundo, pudo haberme dicho que era la Espiroqueta de la Chafaldrana, hacerme regresar varias veces, cobrarme en igual proporción exagerando el precio y probablemente no me habría enterado hasta que recurriera a alguien más. Un volado del que me salvé.

Todos somos científicos en potencia o en activo, basta con seguir un par de pasos para interpretar el mundo y ¡zas! La ciencia es una forma de pensamiento no una profesión, lo seguiré diciendo hasta el hartazgo, aunque se ha popularizado llamarle científicos a los investigadores en distintas áreas de la ciencia. Científico no es un adjetivo de uso exclusivo de la academia o los investigadores, de hecho hay muchos investigadores y laboratoristas que no aplican un método científico en su labor/laboratorio, con lo no deberíamos de tener empacho por llamarles solo laboratoristas o investigadores. Cuando un científico utiliza un principio de autoridad para hacer valer sus palabras por encima de los hechos ahí no está siendo científico.

Recientemente se ha hecho noticia del señalamiento a 31 personas, cuya formación académica y experiencia los llevó a puestos administrativos importantes en las políticas públicas de ciencia, tecnología e innovación de nuestro país. El señalamiento es por peculado, uso ilícito de atribuciones y facultades, lavado de dinero y delincuencia organizada; afortunadamente, ninguno ha sido señalado por su labor como científico o investigador, así que no viene al caso andar diciendo que han sido acusados 31 científicos, aunque varios de ellos sean académicos e investigadores en algún área de la ciencia, insisto, no es por esas funciones por las que han sido señalados.

Lo que si es de preocupar es la cuestión de delincuencia organizada, por que de ser cierto y si se jalara de ese hilo todos los involucrados, seguramente serían más de 31; pero he aquí un principio de las ciencias sociales, las jurídicas en este caso, que se llama presunción de inocencia que establece que persona es inocente como regla, es decir: “solamente a través de un proceso o juicio en el que se demuestre la culpabilidad de la persona, podrá el Estado aplicarle una pena o sanción” y para eso un juez debería de aceptar que se realice el juicio antes que todo, determinar si hay delito que perseguir y el proceso de investigación.

A propósito, y apropósito, en México tenemos una sistema, casi una clase social artificial, que fue diseñada para evitar convertirnos en el principal exportador de talento científico, aunque en apariencia ha fallado, y que en teoría permite que muchos investigadores se queden en el país, compensando su sueldo con recursos públicos, se llama Sistema Nacional de Investigadores (SNI), al que pertenecen unos 33 mil investigadores de las 131 mil personas con doctorado en el país, según un reporte de la OCDE en el 2019 (https://www.oecd.org/education/education-at-a-glance/EAG2019_CN_MEX_Spanish.pdf), el mismo reporte dice que entre 2008 y 2018 también aumentaron los recursos a la educación y la población beneficiada. Se dice que la mitad de los mexicanos al norte de la frontera tiene estudios superiores.

Sin ánimo de participar en la polarización, solo intento refrendar mi compromiso por las vocaciones científicas y seguir compartiendo mi gusto por la ciencia, sus logros y su historia. Sin ciencia ni historia estamos confinados a las cavernas.

Hace años se viene despedazando el contrato social y debemos de encontrar cómo arreglarlo, pareciera que ya no se puede confiar en el párroco del pueblo, ni en el maestro, ni el médico, ni en ninguna autoridad; he visto tantas muestras de empatía y solidaridad de profesionistas tomando de su sueldo para regalar útiles escolares, como a sus compañeros desviar recursos para dotar de papelería a sus hijos, pareciera ser un síntoma de los tiempos y lugares en que vivimos; también he visto investigadores haciendo turismo académico, ese que se hace cobrando viáticos por participar en eventos donde no tienen trascendencia, como a maestros durmiendo en la terminal en las fechas y lugar de un congreso en el que participan, también he visto estudiantes gastar su beca en cervezas en pleno congreso y a otros comer pan azucarado para terminar el mes; he visto investigadores desviar dinero de sus investigaciones para pagar colegiaturas de sus alumnos que no alcanzaron becas en escuelas particulares, acto que es sorprendentemente tan generoso como obsceno.

En torno a la Revolución Mexicana hubo un grupo político llamado “Los Científicos” que en realidad eran tecnócratas, el tipo de gobierno en el que los cargos públicos no son desempeñados por políticos sino por especialistas en sectores productivos o de conocimiento. ¿Eso te causa un juicio de valor?

¿Deben ser considerados servidores públicos los investigadores que reciben su sueldo y financiamiento de los recursos públicos? ¿Deben estos mismos investigadores realizar las tareas que les encomiendan las políticas públicas o seguir su propia iniciativa? ¿Deberíamos de seguir becando investigadores que sabemos no tendrán trabajo o deberíamos de asegurarnos que tengan trabajo para cuando egresen?¿Deberíamos detener la investigación científica solo porque no estamos de acuerdo con los resultados? Seguro no deberíamos de alterar los resultados a modo para que salga lo que queramos, eso le quitaría lo científico.

En lo que intentamos resolver estas dudas debemos asegurar y confiar en el estado de derecho que defiende la presunción de inocencia, los procesos claros y expeditos; entonces detener el acoso para mantener un ambiente sano. Sin olvidar que hacer señalamientos a “los científicos” podría afectar el inconsciente colectivo de todas las generaciones de científicos que no se dedican a la investigación ni a la política, como mi mecánico y los niños.

Ricardo Quit es divulgador científico miembro del Concejo Nacional para el Entendimiento Público de la Ciencia

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