18 septiembre, 2021

La verdadera fuente de la vida

Escribe Gerardo Moreno // @tovar_moreno

Levantarte a media noche porque una patadita te obligó a ir al baño, y recordar que a las 3 de la madrugada están cerrados los tacos hizo más angustiosa la espera de ver satisfecho el antojo que por un momento te puso en aprietos. Eso sin mencionar que los mitos para evitar o disuadir las terribles náuseas matutinas no daban resultado. Pero qué curioso fue cuando los mareos los padeció aquel por quien en el vientre llevabas un milagro cuyo corazoncito latía vigorosamente.

Despertar por turnos a media noche o en plena madrugada para cambiar el pañal mojado causante del llanto de la hermosa cosita que dormía en la cuna y, acto seguido, preparar un poco de leche caliente para ayudarle a volver a conciliar el sueño. Llegar de trabajar y ocupar el segundo turno lavando la ropita que se ensució cuando su padre le daba de desayunar antes de irse a trabajar y por accidente le derramó la papilla.

Estoy seguro que ahora ríes cuando recuerdas que su primer día en el jardín de niños los que lloraron fueron tú y su padre. Correr a comprar la lista de útiles, los uniformes, los zapatitos negros, la lonchera y, por supuesto, cada 6 de enero quebrarse la cabeza para ver que los Reyes Magos llegaran puntuales y con la lista completa.

Regresar del trabajo y ocuparte del hogar no fue cosa fácil; la ropa, la comida y tenerlo todo listo para comer juntos en cuanto todos estuvieran en casa siempre ha sido una misión contra el tiempo. Seguir estudiando y prepararte para convertirte en una especialista de alto rango en tu trabajo, entre tus compañeras de trabajo o de la escuela y entre la familia era parte de tu tercer turno.

Hace unos días cargabas con amor a un ser pequeño e indefenso en tus brazos. Ahora que lo ves, ese hermoso retoño ya no es un bebé; ha crecido exponencialmente, rebasando por más de cinco centímetros tus hombros y que a veces no te explicas cómo su piecito, que cabía perfectamente en tu pulgar el día que vio la luz por primera vez, ahora usa también tus zapatos.

Estoy seguro que al ver dormir al fruto de tus entrañas, respiras tranquila y en tu interior hay una voz que te dice: “no ha sido fácil”, sobre todo porque tienes muy claro que mañana tendrás nuevos retos que enfrentar con su formación, su educación o su preparación. Ayudarle a llegar a la edad adulta sin que se desvié por malos caminos y hacer que se convierta en una persona exitosa con una profesión que le permita vivir satisfactoriamente es la tarea pendiente.

Sé que no eres perfecta, que has cometido errores como madre, como mujer y como esposa. Que a veces se te ha ido la mano para aplicar un correctivo a tiempo, pero que era necesario. Sin embargo quiero agradecerte que te hayas ocupado de esta profesión más que de una carrera profesional; que te hayas ocupado más en ser madre que comerciante, profesionista, vendedora, maestra, empleada, telefonista; porque a pesar de la distancia y la carretera cuando sales a trabajar, siempre tienes tiempo para llamar y saber si estoy bien. Es increíble, eres todo en un cuerpo y todo lo haces muy bien.

Te agradezco que te hagas pedazos todos los días para alimentarnos, lavarnos, plancharnos y limpiar la casa antes de salir a trabajar o después del trabajo. Pero más te agradezco que nunca nos compartas ese extraño truco de magia que tienes (no sé dónde) para multiplicar no sólo el pan en la mesa, sino también el presupuesto en tu cartera. Por más que le doy vueltas no me explico cómo le haces para alimentar a tantas bocas con un par de huevos, dos jitomates y un pedazo de queso.

Consciente soy de que es poco o nada lo que hago por ti, mamá, y unas cuantas palabras no son suficientes para aliviar el cansancio en tus pies o en tu espalda, pero te doy gracias por haber aceptado (sin saberlo) una profesión tan difícil de aprender que ninguna universidad la oferta. No sólo te doy gracias por haberle dado vida a nuestros hijos, más te agradezco que tu vida haya sido el origen de la mía.

Felicidades, mamá.

Con profundo reconocimiento,

Un hijo, un esposo, un padre…

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