19 septiembre, 2020

Donde viven los ángeles

Por: Gerardo Moreno Tovar // @tovar_morenoYa son dos años de su partida, y aún duele recordar la forma en cómo el alcohol fue la causa de que ustedes nos fueran arrebatados de las manos. No es que nos pertenecieran pero eran parte de nuestra vida. Ese pedazo de nuestro corazón que ustedes ocupaban se quedó vacante para siempre. Otras personas ocupan un lugar muy privilegiado en nuestro corazón y en nuestra vida, pero el lugar que ustedes dejaron, permanecerá vacío hasta el día en que volvamos a verlos.

Estoy seguro que cuando te vuelva a ver, Gaelito, ya no llorarás como aquel día cuando rodaste por las escaleras y no me dejaste otra alternativa que correr contigo al hospital para que un par de puntos de sutura le cerraran el paso a la sangre que escurría por arriba de tu párpado. La vida no nos dio la oportunidad de que yo pudiera explicarte que lo hice por tu bien. Estoy seguro que ahora ya lo sabes y que me has perdonado por llevarte con el doctor que con una aguja aumentó tu sufrimiento. La pelota que te provocó caer de las escaleras, ya perdió el aire que la mantenía firme, pero sigue ahí esperando que tus piecitos vuelvan a pegarle con la misma energía con que solías hacerlo.

Aún me puedo saborear con el mismo gusto una naranja con chilito en polvo como la que me regalaste aquel día, Brisita. Y es que es inevitable recordar tus manitas tomándome por la espalda, para darme la sorpresa de tu presencia el día que visité tu escuela. Eras tan generosa como tu mamá; lo llevabas en la sangre. Dar sin taza ni medida, esa era tu naturaleza. Tu uniforme de futbolista aún conserva tu nombre, y el balón en la cancha se quedó esperándote para que lo empujaras al fondo de la portería. Tu posición la juega otra niña tan vivaz como tú, pero tu lugar en la cancha nunca lo podrá cubrir nadie.

Por supuesto que jamás olvidaría lo nobleza de tu corazón, Rosy. Siempre fuiste tan sencilla y tan abnegada, y qué irremediable resulta que no lo valoráramos cuanto te tuvimos entre nosotros. A mí me pareció increíble que existiera una persona con un corazón tan grande como el tuyo, querida hermana. Las flores que venderías aquella temporada, ya se han secado, pero su aroma permanece intacto en nuestros sentidos. Es como si aún estuvieras cortando los tallos de las rosas, los claveles y los girasoles con la charrasca que ya perdió el brillo que tu mano derecha le sacó y el filo de su curvatura ha sido absorbido por el óxido que el desuso provocó.

Dos años ya de su fortuita partida, que un hombre en completo estado de ebriedad provocó. Sin embargo jamás se han alejado de nuestros corazones y de nuestra memoria. Claro que nos va a doler por siempre su ausencia. Pero el lugar de los ángeles está en el cielo. Nuestro corazón se alegra al saber que están juntos Rosy y los niños, Valentina y Rubén; felices por compartir, madres e hijos, el paraíso por toda la eternidad. Me atrevo a afirmar que puedo ver la radiante sonrisa que la felicidad infinita les provoca y eso me consuela enormemente. El paraíso es de ustedes, Chicos.

Dedicado con profundo cariño y respeto para Rosa Paula Rodríguez Campos, Brisa Jerly y Luis Gael Rodríguez Rodríguez, Valentina Canuto Mejía y Rubén Hernández Canuto.

A %d blogueros les gusta esto: