20 septiembre, 2020

Haciendo cuentas

Por: Gerardo Moreno Tovar // @tovar_moreno

Han sido tantos los números que nos han manejado que a veces tal parece las cuentas no se detienen. Las estadísticas van en aumento y el incremento de los días va desbocado. Primero nos dijeron que un mes y ya vamos por el quinto, y no hay para cuando ese conteo haga alto total.

Se han contado tantas historias como leyendas urbanas, que a veces ya no sabemos ni a quién creerle; que si ya todo es COVID, que si sólo es un cuento para engañar (como siempre ha sucedido) a la sociedad y sembrar la histeria colectiva, que si la psicosis nos hace actuar de manera irracional, que si no creemos y nos vale un pepino todo lo que se diga; que los que salen de casa sin cubrebocas, que si no lo usan porque les estorba; o que no falta aquel que se pone agresivo por pedirle que use el cubrebocas; que ya golpearon a un empleado por pedirle a un cliente que use el cubrebocas.

Que los “ferieros” (persona que trabaja montando ferias en la provincia, según su propia denominación. La RAE, no da cuenta de este término) ya tomaron la caseta; que los especuladores ya le subieron el precio al huevo y a la tortilla; que los tianguistas ya tomaron la presidencia municipal del pueblo para obligar a la autoridad a dejarlos montar el tianguis. Las manifestaciones, los paros y cierres no tienen control.

Médicos, paramédicos, enfermeras, camilleros (Incluye médicos del sexo femenino y enfermeros) trabajando a marchas forzadas, sin tasa ni medida, yendo y viniendo por las calles con miedo a que el ignorante y el incivilizado lo agreda o le aviente un chorro de cloro a la cara ‘quesque’ porque son los portadores del mortal enemigo que nos acecha en este momento. Que deben doblar turno para atender la creciente demanda de los servicios de salud que los irresponsables provocaron. Que las autoridades sanitarias no les dan el equipo requerido para su protección. Que deben jugarse la vida cada vez que salen de casa.

¿Y qué tal el sector educativo? Ese es otro boleto. Ahora resulta que las clases serán “en línea”. Internet, televisión o radio serán los canales. La bronca es realmente mayúscula. Con el debido respeto que me merece el sector salud, si los médicos y enfermeras creían que estaban inmersos en una situación muy complicada, déjenme les platico no van ni a la mitad de lo que el sector educativo va a enfrentar de ahora en adelante.

Hay niños que aprenden viendo. Los hay quienes aprenden oyendo. Hay otros que aprenden haciendo. Existe una cantidad muy elevada de niños con necesidades especiales de aprendizaje: que si el niño padece trastornos del espectro autista, que el niño con diagnóstico de Asperger (el cual tengo entendido que ya es historia), que si el niño padece de retraso cognitivo, que si el niño tiene un trastorno por déficit de atención con hiperactividad, que si presenta paquigiria, discalculia, dislexia, disgrafía, Atención dispersa… sólo por mencionar algunos. Ahora sumen a esto que muchos de estos niños ni siquiera saben que padecen algo por el estilo -valga la expresión- y en la mayoría de los casos sus padres tampoco lo saben.

Esa utopía educativa que pretende la inclusión de todos los niños es la que nos va a poner en jaque. Si frente a grupo resulta complicado trabajar con la particularidad de cada uno de los niños, ahora imagínense hacerlo a distancia.

Y por supuesto no puedo dejar de mencionar el rezago tecnológico que impera en un amplio terreno a lo largo y ancho de nuestro país. La mayoría de mis alumnos ni a radio llegan, mucho menos tienen acceso a un moderno smartphone o una computadora; afortunadamente los hay quienes gozan de un teléfono inteligente, pero la señal de internet no llega a sus localidades ¡¡¡Vaya predicamento!!!

Ofrezco mi corazón agradecido al sector salud que no ha bajado la guardia. Brindo un caluroso aplauso y un abrazo sincero a quienes arriesgan su vida por la vida de los demás; este abrazo va también para ti Yeya, que con estoica entrega vives con alegría y entusiasmo el riesgo de tu profesión. Mi reconocimiento a todos los compañeros maestros que justo ahora estamos trabajando para encontrar la mejor manera de hacer nuestro trabajo de frente a la nueva normalidad; qué sería de mí sin la orientación y el consejo de grandes pedagogas como mi amiga y hermana la Licenciada Perla Nieto Soria de quien podría mencionar sus cargos y su currículo de vida pero basta con decir que su pasión por adecuar el aprendizaje a las capacidades de los niños la ha llevado a darlo todo por ver a un niño que aprende cómo aprender.

Parece ser que las generaciones hasta la nuestra (concretamente, hasta hace unos meses) formábamos parte de una sociedad en la que la mayoría habíamos pasado por un aula dentro de la escuela y hemos recibido instrucción académica por lo menos desde el nivel básico. Sin embargo muchos por necedad, ignorancia o prepotencia han provocado lo que ahora todos estamos padeciendo. Les juro que no puedo imaginar, tan sólo vislumbrar un ápice de la generación que a partir de ahora se gesta y de cuál será el resultado de la nueva normalidad que nos negamos a aceptar y que no tenemos ni idea de cómo manejar.

Las estadísticas, los infectados, los problemas, las complicaciones económicas, el desempleo, la violencia, el desabasto siguen avanzando. Yo definitivamente ya le perdí la cuenta.

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