7 julio, 2020

Crónica de una nueva realidad

Por: Jatzume Hernández

 

16 de marzo, 3:40 pm. Se escucha en noticieros televisivos y prensa digital que a partir de ese día comenzará la cuarentena por el nuevo virus llamado COVID-19. Se ve en cada uno de los medios, la narración constante de cómo se fue extendiendo desde China, Wuhan alrededor del mundo hasta alcanzar a México. Se puede notar un pequeño acento de incertidumbre en el espacio.

Las personas comienzan a escuchar todo tipo de rumores; “que lanzan polvito por las noches para infectar, que los productos chinos vienen con el virus, que ha sido adquirida por comer murciélagos, que matan en los hospitales, que cerraran todo incluyendo los supermercados y locales, no importa si son de primera necesidad”. Se siente miedo.

Conforme van pasando los días se ven personas sumergidas bajo las colchas, simulando una protección invisible ante la contingencia. Funciona para salir de la realidad. No salen, piden todo por internet (la única ventana que tienen ante una realidad catastrófica, limitada a una pantalla). No preguntan, solo obedecen. La nueva sociedad se está formando.

Pero como si se viviera en otra dimensión, hay personas sin protección por las calles, tocando todo, llevándose las manos por toda la cara y sin ninguna protección. Están crédulos, piensan que no existe la enfermedad. Cuestionan todo lo que se les dice, pero solo por seguir a otros que dicen lo mismo. En realidad, no hay tanta diferencia entre cautos domesticados y ellos.

Se ha vuelto como una montaña rusa, momentos de tranquilidad, después de miedo, angustia y nuevamente aparente paz. Hay muchas dudas respecto a lo que sucede. Hay tantas versiones de todo y ninguna confirmada. Los líderes se comen unos a otros en batallas de diálogos invasivos, sin sentido. Atacan a todo aquellos que pretenden tener un poco de criterio.

Los hospitales huelen a muerte, ya no existe la tranquilidad. Han superado su límite al máximo. Los doctores han cambiado de rol, ahora son ellos los enfermos. No hay dinero, protección o insumos para los agentes de salud. La gente teme ir a cualquier nosocomio por miedo a morir contagiado; pero no teme atacar a aquellos que brindan su tiempo y salud a aquellos que lo necesitan.

Los muertos se apilan en la mente, porque en la realidad no podemos ni tenemos donde colocarlos. Mala suerte si te ha tocado vivir la experiencia de perder a alguien que amabas; no tendrás a quien rezarle o llorarle. Solo te quedara una pequeña caja llena de ceniza que manifiesta lo efímera que es la vida.

El mundo parece haberse quedado en pausa. No vamos ni para atrás ni para adelante. Sin saberlo han pasado ya varios meses desde que se está sumergido en casa. Se dice que las escuelas finalizaron su trabajo sin estar presentes, que regresaremos a una realidad. Simulando que no pasó nada, pero viviendo con restricciones.

Cuidado si opinas, hablas o piensas. En esta realidad ya nada es válido. No importa si el país está en números rojos de contagio, si el secretario de Salud, López–Gatell dice que la punta más alta de contagio es el ahora. Ya no hay paso atrás la realidad te azota y te arrastra tan feroz y ardiente como te trajo al encierro.

A %d blogueros les gusta esto: