12 julio, 2020

En pocas palabras

Por: Jesús Contreras Flores

 

Tener la conciencia tranquila
es síntoma de mala memoria
Les Luthiers

 

Historias o historietas, que informan y desinforman, son el pan de cada día en tanto la pandemia del Covid-19 sigue diezmando a la población del mundo y México no es la excepción. Cada día las autoridades sanitarias federal y estatales nos dan cuenta de cifras de personas confirmadas de presentar el contagio, personas recuperadas y personas lamentablemente desaparecidas. Números y números y números, ante la desesperación de los familiares de las personas fallecidas.

También nos dicen que ya estamos a punto de “aplanar” el problema; pero también nos informan que seguimos en “focos rojos”, dentro de la “nueva normalidad” anunciada tan vehementemente por las autoridades de salud federales, y, que es necesario mantener el confinamiento que lleva más de 100 días. Y ni hablar más de carencias que constantemente denuncian los médicos, enfermeras y técnicos de todos los sitios donde se atiende a las víctimas del virus, de los arribos de aviones de China con ventiladores y otros implementos.

Como vemos la humanidad pasa por momentos críticos en cuestiones de salud. A ello nuestro país suma otros conflictos: económicos, de empleo, sociales, educativos y el incremento de los asuntos de inseguridad, delincuencia organizada y común y muchos etcéteras…

En la vida nada es estable, y ante la situación que se enfrenta, estamos a las puertas de un cambio total, -un cambio verdadero no como los que anuncian los gobernantes en sus campañas en busca del poder. Y es, como dijera alguien, al salir de la “cuarentena” nos enfrentaremos a algo que llama una “novofobia”, si, miedo al virus que vivirá con nosotros, de hecho ha vivido antes, pero ahora ya conocido como Covid-19.

A toda esta situación en que nos tiene metidos la pandemia –angustia, por el encierro en el hogar, pérdida del empleo, carencia de recursos económicos, el desconcierto ante las contradicciones de los propios gobiernos, etc, etc, ahora se agrega la futurización. Qué se hará al momento de salir de sus hogares con la socialización, cómo se van a saludar con amigos y familiares, con compañeros de trabajo, cómo van a trasladarse. A qué se enfrentarán en sus centros de trabajo, en síntesis, como retomar la vida después de esta calamidad.

Especialistas en cuestiones de la mente, han expresado que será un reto recuperar la normalidad, pero también una oportunidad para adaptarse nuevas circunstancias de vida. Y es que ya no se encontrarán los mismos hábitos y costumbres anteriores puesto que el distanciamiento social y la crisis por la que estamos pasando fortalecieron nuestros valores y creo que esto nos impulsa a reconstruir todo lo que ocurre en todos los ámbitos: políticos sociales, económicos, culturales. Así que aun teniendo entre nosotros al Covid-19, es momento de despertar. Aunque nadie predique con el ejemplo, nosotros tenemos la responsabilidad para solucionar el problema y actuar racionalmente. Evitemos la depresión…

Recomiendan que hay que ver hacia el futuro con la esperanza de que renacer es posible. Sanar no es una acción opcional. Si estás vivo, el planeta exige que lo cuides. La vida continúa, cada uno tiene el compromiso de poner de su parte.

Mientras en nuestros gobiernos se ponen de acuerdo sobre qué hacer, tomemos las medidas necesarias dictadas por las autoridades sanitarias internacionales y locales que recomiendan para protegerse individualmente y proteger a los demás: lavarse las manos con frecuencia , con agua y jabón, evitar el contacto cercano, cubrirse boca y nariz, al reunirse con otras personas y al estornudar o toser, limpiar y desinfectar objetos que se tocan con frecuencia, no saludar de mano ni besar, entre otras y tener especial cuidado a las personas de la tercera edad y en particular a quienes padecen de diabetes, presión arterial, obesidad… y sobre todo quedarse en casa…

Ya que hablamos de historia e historietas, les dejamos esta fábula de La Fontaine:

La Cigarra y La Hormiga

La cigarra, después de cantar todo el verano, se halló sin vituallas cuando comenzó a soplar el viento frío y seco: ¡ni una ración de comida de mosca o de gusanillo!…Hambrienta, fue a lloriquear en la vecindad, a casa de la Hormiga, pidiéndole que le prestase algo de grano para mantenerse hasta la cosecha.

“Os lo pagaré, le decía, antes de que venga el mes de agosto.”…La Hormiga no es prestamista: ese es su menor defecto. “¿Qué hacías en el buen tiempo?” preguntó a la pedigüeña. “No quisiera enojarte le contestó; pero la verdad es que pasaba cantando día y noche. -¡Bien me parece! Pues, mira: así como entonces cantabas, baila ahora.”… Hasta la próxima…D.M.

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